Honduras contra la extorsión de maras
Por Oscar Bravo Fong *
La Habana (PL) – Ante el aumento de las extorsiones contra comerciantes y transportistas en Honduras por grupos pandilleros, el gobierno de ese país centroamericano implementa medidas como la creación de tribunales especiales, para combatir a esas bandas.

Tales juzgados, conformados por la Corte Suprema de Justicia, poseen jurisdicción nacional en el enfrentamiento al delito de extorsión, dentro de un territorio donde se comete un acto de ese tipo cada 12 horas como promedio, señalan cifras oficiales.

Según las autoridades, cada año las bandas criminales o maras recaudan por ese concepto en los ramos comercial y transportista unos mil 300 millones de lempiras (equivalente a más de 58 millones de dólares), sin contarse los cuantiosos fondos obtenidos durante Semana Santa y Navidad.

Considerada uno de los mayores flagelos de Honduras, la extorsión provocó que durante la última década cerraran más de 40 mil establecimientos y se perdieran más de 130 mil empleos, explicaron organismos de seguridad.

Entre las acciones para atajar los abusos contra personas por parte de mareros, el gobierno creó la Fuerza Nacional Antiextorsión, unidad policial encargada de ubicar y capturar a responsables de ese delito.

Tan extendido es el cobro de impuestos por los victimarios, que el presidente del Poder Judicial, Rolando Argueta, señaló recientemente que los pandilleros mantienen aterrorizada a la población con sus prácticas de ilegales cobros.

Grupos como la pandilla 18, Mara Salvatrucha (MS-13) o los Chirizos, obligan a sus víctimas a pagarles semanalmente 100 dólares o más como contribución, difundió el diario El Heraldo de Honduras.

Ante la negativa de abonar los llamados impuestos de guerra, las agrupaciones de pandilleros asesinaron en lo que va de año a decenas de comerciantes, pasajeros y propietarios del transporte público, denunciaron organismos humanitarios.

En medio de ese complejo panorama, las autoridades en los últimos días reforzaron sus controles fronterizos para evitar el paso desde El Salvador de pandilleros u otros grupos del crimen organizado, que se unirían a bandas locales.

La inmigración de este tipo de agrupaciones violentas obedece a que el gobierno y las autoridades de ese vecino país dan una fuerte batida a las organizaciones delincuenciales, acción que persigue reducir los índices de violencia en ese territorio.

MODUS OPERANDI

Los pandilleros infunden miedo a las personas que atracan, no sólo con amenazas de muerte, sino también con su imponente presencia mediante el uso de tatuajes, símbolo de estatus, poder e identidad social, apuntan especialistas.

Del fácil modo de vida, basado en el cobro de efectivo, no se excluyen otros individuos que “en determinado momento fueron víctimas y se convirtieron en extorsionadores, sobre todo en el sistema de transporte público”, revelaron recientes informes de inteligencia.

Entre los capturados por actos ilícitos se encuentran ayudantes del transporte urbano e interurbano, atados al impuesto de guerra, confirmaron esas fuentes.

Ante los operativos policiales contra los grupos de atracadores, cabecillas de esas formaciones tratan de burlar la seguridad al exigir a las personas que depositen dinero en determinadas cuentas bancarias, de las que extraen el efectivo.

Sin desechar la vía del cobro personalizado al citar a la víctima a un lugar determinado, los delincuentes reciben también los pagos a través de sistemas de recargas y otras formas implementadas por entidades telefónicas que facilitan el envío de efectivo.

Ante el auge de fenómenos como la extorsión y la violencia, en Honduras no son pocos los que reclaman la implementación por el gobierno de una política coherente, que tenga en cuenta medidas para prevenir actos delictivos por jóvenes.

Estiman que hasta el momento, el Ejecutivo y las autoridades centran su actuar en la represión de los ilegales grupos, lo cual no elimina desde sus raíces la delincuencia en ese estado, en el que se depura actualmente la institución policial.

Otros actores sociales, como el reverendo hondureño Mario Fumero, consideran que para disminuir el negativo impacto de las pandillas en Honduras y el resto de la región centroamericana, los gobernantes y fuerzas de seguridad de ese entorno deben aunar esfuerzos.

De existir coordinación entre Honduras, El Salvador y Guatemala, eje principal de las maras, los pandilleros no encontrarán refugio porque se aplicarían similares medidas en esos estados, acotó la fuente.

*Periodista de la Redacción Centroamérica y el Caribe de Prensa Latina.

   

 

Deja un Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *