Perú: Nuevo gobierno, entre el optimismo y los desafíos de la realidad

Por Manuel Robles Sosa *

Lima (PL) – El estilo alegre y risueño del presidente electo de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, parece no corresponder a los grandes problemas y otros desafíos por enfrentar en el quinquenio de gobierno que iniciará el 28 de julio, cuando reemplazará a Ollanta Humala.

El político y empresario transnacional enfrenta el reto de desarrollar el país, reducir la pobreza y lograr una mayor equidad universalizando las prestaciones de salud, educación y los servicios básicos con igual calidad para todos, según ofreció con evidente entusiasmo.

El tremendo desafío aumenta cuando se tiene en cuenta que el hijo de inmigrantes europeos llegados a estas tierras huyendo de los horrores del nazi-fascismo, está decidido al mismo tiempo a mantener el modelo económico neoliberal vigente hace casi un cuarto de siglo y que muchos consideran tiene en su esencia la desigualdad creciente y una elevada deuda social hasta ahora sin saldar.

La posición de Kuczynski, quien en lo internacional se alinea con la corriente conservadora en la región latinoamericana y un actitud de hostilidad o frialdad ante los procesos progresistas, llevó a un conocido periodista a calificar al gobierno que este delinea como “monocromático sin matices” y de derecha, a lo que habría que agregar un fuerte tono tecnocrático.

A ese perfil corresponde el de su primer ministro designado, Fernando Zavala, quien fue viceministro de Economía en el régimen neoliberal de Alejandro Toledo (2001-06) y luego lo reemplazó como titular, apenas a los 25 años, cuando Kuczynski pasó a ser premier. Hasta hace unos días, era presidente de la importante cervecera Backus.

De línea similar es el tempranamente anunciado ministro de Economía, Alfredo Thorne, al igual que la mayoría de los representantes del presidente electo en el proceso de transferencia del aparato estatal a la nueva administración, lo que ha generado críticas inclusive en el partido de Kuczynski, Peruanos por el Kambio (PPK, curioso nombre adaptado a las iniciales del líder).

El propio Kuczynski tiene parecidas características -al ser elegido renunció a directorios de diversas empresas de Perú y el exterior- y el boletín electrónico de análisis Otra Mirada apuntó que alternó sus cargos en gobiernos anteriores con periodos de actividad empresarial en las que ha hecho importantes negocios con el Estado.

El periodista César Hildebrandt apuntó que el presidente electo, al delinear un gobierno de las mencionadas características, parece no percibir que en el horizonte asoma un panorama de conflictos sociales, de los que heredará más de 200 ya existentes.

Esos problemas son en buena parte consecuencia de dificultades económicas generadas por la menor demanda internacional y consiguiente caída de precios de los minerales, principal producto de exportación de Perú, ante lo cual el nuevo gobernante plantea diversas medidas, como la de refinar los minerales para exportarlos con mayor valor agregado.

Otro desafío de Kuczynski será convivir con un parlamento dominado por el también neoliberal partido Fuerza Popular, de Keiko Fujimori, que tiene mayoría congresal absoluta y adelantó que buscará llevar adelante su programa en el terreno legislativo.

Pese a los esfuerzos de partidos, empresarios y medios de prensa neoliberales, de propiciar un entendimiento entre Kuczynski y la hija del exgobernante preso Alberto Fujimori, las heridas dejadas por la contienda electoral, ganada ajustadamente por el primero, lo impiden al menos hasta ahora.

Dirigentes del fujimorismo adelantaron que piensan desde ahora en las elecciones de 2021, lo que sería la causa del discurso enarbolado por varios de sus representantes, de crítica al perfil empresarial de los colaboradores de Kuczynski.

Lo acusan de servir a grandes intereses empresariales, a los cuales favoreció coincidentemente la política neoliberal establecida por el hoy preso Alberto Fujimori, inspirador de Fuerza Popular.

De ahí que Kuczynski considere entre las virtudes de Zavala su capacidad de diálogo con el fujimorismo, el que busca desde su nominación, el 10 de julio, a lo que añade la intención de reactivar el Consejo de Estado, una instancia que reúne a los poderes ejecutivo, legislativo, judicial y otras instancias.

El objetivo, según Zavala, es construir consensos en temas como economía, seguridad ciudadana -un tópico crucial, pues el incremento de la delincuencia es considerado el principal problema nacional en las encuestas- y reformas anticorrupción en la policía y el poder judicial, entre otros.

En otro frente, Kuczynski tiene pendientes compromisos que firmó con organizaciones sociales contrarias al neoliberalismo durante su campaña por la segunda vuelta, que pudo ganar por el respaldo de esos sectores y del progresista Frente Amplio, los cuales lo apoyaron por su rechazo a Fujimori, por considerar que ella representaba el autoritarismo y la corrupción del gobierno de su padre.

Tal sentido marcó la elección del nuevo mandatario, lo que algunos analistas consideran que tendría que expresarse en un gobierno de similar signo y eventualmente compartido con el Frente Amplio, que en todo momento ha declinado una alianza o un cogobierno por las diferencias estratégicas mantenidas con Kuczynski, sobre todo en torno al modelo neoliberal.

Los compromisos firmados en la campaña, de atención a las demandas sociales y respeto a los derechos laborales y a los derechos humanos, entre otros aspectos, fueron ratificados por el presidente electo el 11 de julio en una reunión con la dirigencia de la Confederación General de Trabajadores de Perú (CGTP), en la que acordaron instalar una mesa de diálogo para coordinar el cumplimiento paulatino de las promesas.

La presidenta de la CGTP, Carmela Sifuentes, dijo que los trabajadores esperan que el mandatario electo honre su palabra, aunque manifestó desconfianza por la continuidad del modelo económico neoliberal y la presencia de abogados y otros profesionales netamente empresariales en el equipo de transferencia del Ministerio de Trabajo a la nueva administración.

Paralelamente, Zavala descartó modificar las normas ambientales y aseguró que las inversiones necesarias deberán tener licencia social, es decir aceptación de las comunidades del entorno, requisito que, al ser obviado, ha generado conflictos sociales sangrientos en los últimos años.

El premier designado asegura que no está en la agenda del gobierno la puesta en marcha de los proyectos mineros Conga, en el norte, y Tía María, en el sur, los cuales conllevan grandes inversiones y están congelados por el rechazo de las poblaciones próximas, que realizaron grandes protestas en defensa del medio ambiente, reprimidas con un alto saldo de muertos y heridos.

*Corresponsal de Prensa Latina en Perú.

arb/mrs

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