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Lady Mary Wortley Montagu, descubrió la vacuna de la viruela

Category : Noticias Nacionales

Mary Pierrepoint, nombre de soltera de Mary Wortley Montagu (1689-1762), fue una aristócrata británica atípica. Aunque su padre, como era propio en esa época, no tuvo ningún interés en educarla, ella procuró
aprender por su cuenta y riesgo en los libros de la biblioteca familiar.

De forma autodidacta estudió griego y latín y plasmaba su creatividad en numerosos escritos.

Amiga del satírico escritor irlandés J. Swift (1667-1745) y del poeta y político inglés J. Addison (1672-1719) recibió, incluso, piropos del poeta inglés A.Pope (1688-1744) y elogios del gran Voltaire (1694-1778).

Lo que no está nada mal para cualquiera, y bastante bien, si tenemos en cuenta que ella era una mujer y que estamos a finales del siglo XVII. Otros tiempos y otras costumbres

Por su brillante inteligencia destacó en la corte del rey Jorge I donde se hizo notar, dado lo poco convencionales que resultaban sus opiniones que, dicho sea de paso, divertían y escandalizaban a partes iguales a la buena sociedad.

Otra muestra de su determinación y carácter rebelde fue la decisión de casarse con Edward Wortley Montagu, en contra de la opinión de su padre que no quería. Ya, él no pero ella sí. De modo que se casó.

El ataque de viruela

A principios de 1715 todo parecía irle bien a Mary. Recién casada, heroína de la alta sociedad londinense, reconocida poetisa y famosa por su inteligencia y belleza. Nada parecía poder con ella. Mas, en diciembre de ese mismo año, todo cambió.

 Sufrió un ataque de viruela. Y aunque sobrevivió, la enfermedad le hizo perder sus largas pestañas y le dejó el rostro lleno de marcas. Algo nada agradable para una mujer joven, que se veía envejecida de pronto. De la noche a la mañana.

Por eso consideró como un golpe de fortuna, que a su marido lo nombraran en 1716 embajador británico en Constantinopla. No lo dudó y se embarcó con él. No sólo abandonaba Londres, sino que vería mundo. Perfecto.

Destino Estambul

Desde su llegada, Lady Mary se sintió impresionada por el mundo islámico. Sus agudas observaciones las plasmó en unas cartas conocidas como ‘Turkish Embassy Letters’.

 En ellas, con una excelente prosa, profundiza de forma muy descriptiva en las interioridades de la sociedad turca, en especial de sus mujeres.

No olvidemos su juvenil rebeldía social y que fue amiga de la escritora inglesa Mary Astell (1666-1731), considerada como la primera feminista inglesa, por su lucha en la igualdad de oportunidades en la educación de las mujeres.

Descubre la viorilización

Se entera de una práctica antiquísima para prevenir la viruela que realizaban las mujeres turcas.

Consistía en introducir una pequeña cantidad de un exudado de viruela de un enfermo, en una escisión que se hacía en la piel de la persona sana que se quería inmunizar.

Un veneno que curaba. Sorprendente. Con el tiempo terminó siendo un proceso que se llamaría variolización, y que inmuniza contra la contagiosa enfermedad.

 Tan segura estaba de su eficacia que inoculó a su propio hijo de tres años.

De regreso a Londres

Al regresar de Turquía en 1721, Lady Mary comenzó a divulgar este método. Variolizó a su hija de diez años y los Príncipes de Gales, amigos de Mary, decidieron hacer lo mismo con sus hijos.

Un gesto que se puso de moda en la aristocracia de toda Europa, y lo que es mejor, trajo consigo que el número de muertes por esta enfermedad descendiera. Pero por desgracia no fue así no en toda la sociedad.

La práctica fue calificada de “bárbara” por muchos científicos y médicos de la época, que mostraban alarmados sus prejuicios académicos.

De hecho, a lo largo de todo el siglo XVIII, dicha práctica fue motivo de feroces debates que, como desgraciadamente sabemos, retrasó sesenta años la adopción de la vacuna en Occidente.

 Un duro golpe para la poetisa y, ahora también, pionera médica. Y no era lo peor. Tampoco en lo social y en lo literario le marchaban bien las cosas.

Su legendaria rebeldía intelectual ya no gustaba tanto en la sociedad británica. Es más, disgustaba. Su brillante inteligencia e instrucción, superior a la de la mayoría de los hombres, se consideraban ahora un insulto.

Los tiempos cambian y se terminó convirtiendo en el blanco de los, siempre, latentes prejuicios misóginos.

El gran Pope, otrora ardiente admirador de su poesía, ahora se declaraba su enemigo público y, lejos de lanzarle piropos, la atacaba como poetisa. Tras tan drástico giro en el sentido de su crítica, parece subyacer el rechazo que, como amante, le dio Lady Mary.

 Un asunto que nadie lleva bien, y menos un hombre. Por los hechos se ve que él debió pensar que, a calabazas amorosas, insultos poéticos.

De nuevo en el extranjero

En 1739, enamorada de un joven al que doblaba en edad, Mary, abandonó a su marido y se fue a vivir al continente. Continuaron escribiéndose en términos respetuosos, pero nunca volvieron a verse.

En Florencia conoció a Horace Walpole (1717-1797), novelista inglés famoso por sus serendipias, con quien también tuvo sus más y sus menos literarios.

Aunque nunca pretendió publicar sus poemas, muchos de los trabajos de la Montagu figuran en antologías de poesía contemporánea.

Es discutible cuál de sus dos legados fue más importante, si el poético o el médico.

Sin duda es más conocida como poetisa, y menos como introductora de la vacuna de la viruela en Europa. Pero es evidente que, sin saberlo, Lady Montagu contribuyó a la creación de la primera vacuna.

Lo hizo muchos años antes de que se descubriera la existencia de los microorganismos y el médico inglés Edgard Jenner (1749-1823) realizara su famoso experimento, allá por 1796.

 Es más, parece inconcebible que Jenner no hubiera sido instruido en esta experiencia, durante sus años de estudiante de medicina. Un conocimiento previo del trabajo de la Montagu, que restaría grandeza a su “arriesgado experimento”.

Jugaba con ventaja, pues sabía lo que pasaría. Lady Mary había llegado primero. No. No fue médica. Pero es probable que hiciera más por la especie humana, médicamente hablando, que muchos médicos de la época.

Sin discusión

Lo que no admite discusión es que su vida fue una aventura y ella una inusual e influyente mujer. Dicen que el carácter es la mitad del destino. Tras la muerte de su marido, en 1762, volvió a Inglaterra para morir.

 Causan admiración sus últimas palabras: “Ha sido todo de lo más interesante”. Un espíritu libre y una historia para novelar.

Fuente

http://enroquedeciencia.blogspot.com/2013/05/lady-mary-wortley-montagu-i.html

 

 


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