Zona Económica ALBA, alternativa de desarrollo para América Latina

Por Rafael Arzuaga Junco*

ESPECIAL-VENEZUELA/ALBA

Caracas (PL) – Apenas la fundaron están en pie de guerra contra la pobreza y la exclusión social, pero este marzo los países miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) convocaron a reavivar todas sus batallas, con asidero en los principios fundacionales de la organización.

 Dedicada al líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez (1954-2013), la XIV Cumbre Extraordinaria del ALBA celebrada en Caracas, capital de Venezuela, devino espacio propicio para proponer la constitución de una zona económica, garante del crecimiento integral por medio de la cooperación y la solidaridad entre los pueblos de las naciones asociadas.

Junto al nombramiento del político boliviano David Choquehuanca como nuevo Secretario Ejecutivo del bloque, uno de los trascendidos más importantes del cónclave fue el consenso respecto a la necesidad de instituir un área común de desarrollo, a partir de un modelo productivo sistémico y con impacto inmediato en sus 12 países miembros (Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Ecuador, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves, Granada, Surinam y Venezuela).

 

De ese modo, según proclama la Declaración de Caracas, se fortalece el objetivo de consolidar el proyecto regional integracionista a contracorriente de los postulados enarbolados por la globalización neoliberal, ahora que corren tiempos de eordenamiento de los fundamentos de la izquierda, como afirmara el politólogo y sociólogo argentino Atilio Borón en una reciente entrevista concedida a Prensa Latina.

Esta política integracionista del ALBA contrasta con la posición del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien anunció la renegociación del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá (TLCAN) después de firmar, en su primera semana en la Casa Blanca, un decreto para retirar al país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés).

El aviso coloca los reflectores en la relación de EE.UU. con América Latina, toda vez que Trump es partidario de desarrollar agendas bilaterales con estos países, en lugar de aplicar programas más abarcadores, lo cual afectaría aún más las negociaciones para trabajar de manera conjunta en áreas como el comercio, la migración, los derechos humanos o la lucha contra el tráfico de drogas, entre otros.

Respecto al comercio, más que todo, se esperan tensiones entre Washington y Latinoamérica y el Caribe, en primer término con México, en cuya frontera común con EE.UU. el nuevo mandatario estadounidense aspira a levantar un muro para detener el tráfico de personas y drogas.

Incluso, aseguró que obligará al vecino a pagar esa especie de muralla, aunque las autoridades mexicanas rechazaron tal posibilidad.

Lo cierto es que, en nombre de la defensa del ciudadano medio y la economía doméstica (prometió la mayor revolución fiscal desde la presidencia de Ronald Reagan con un paquete que comprende menores impuestos para la clase media y reducción de regulaciones federales para favorecer el crecimiento económico), Trump apostará al bilateralismo, antes que al multilateralismo.

 

De ver a América Latina como su patio trasero (aunque con menos altivez, aún la mira así) toda su historia, durante la administración de Barack Obama EE.UU. pasó a un acercamiento con la región, si bien marcado por el fracaso de casi todas sus políticas (el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba es un ejemplo) y en busca de soluciones a sus problemas económicos, para contrarrestar el impacto de otras potencias y bloques, en medio de la lucha geoeconómica mundial.

Por ahora no se sabe de manera certera qué camino desandará Trump, que en materia de política internacional parece estar más preocupado por Rusia y China. Pero la relación con ‘el vecino pobre’, América Latina, siempre será un tema recurrente.

¿Comenzará al fin la construcción del muro fronterizo con México por El Paso (Texas), Tucson (Arizona) y El Centro (California)? ¿Continuará aplicando la estrategia de golpe de Estado ‘blando’ como en Brasil, Honduras y Paraguay? ¿Avanzará en las relaciones diplomáticas con Cuba? ¿Respetará la soberanía de Venezuela?

Los países miembros del ALBA-TCP tienen en sus agendas estas y otras muchas interrogantes respecto al vínculo con EE.UU., pero ninguna de las respuestas posibles modifica sus propósitos de crear y desarrollar un modelo económico productivo inclusivo e integracionista.

Y si bien así no responden de manera directa a la supuesta política norteamericana por venir, crear las bases para un área común de producción y comercio es uno de los principales objetivos del bloque, por su importancia para trazar la ruta de solución a muchos de sus problemas.

Sería un modelo que como fin único tendría la inversión social, porque esa es la esencia que dio nacimiento al ALBA-TCP, fundada por Chávez y el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro (1926-2016), declaró en la reciente Cumbre el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

La exposición del mandatario fue apoyada por sus homólogos Raúl Castro (Cuba), Evo Morales (Bolivia) y Daniel Ortega (Nicaragua), más los representantes del resto de las delegaciones, que también abogaron por la promoción de nuevos miembros.

Tenemos consenso respecto a la necesidad de concretar un modelo productivo independiente, bien estructurado, con bases sólidas, que permita mantener la inversión y desarrollar nuestras sociedades; no debemos entonces demorar en materializarlo porque es una urgencia de América Latina, comentó Maduro.

Esta línea de acción económica, sin embargo, tiene sustento en la gestión por la dignidad, la soberanía y la unión latinoamericana y caribeña, considerada una batalla sin fecha de caducidad y susceptible de acciones urgentes para fortalecer las basas del ALBA-TCP.

Desarrollar un fondo de apoyo legal a los migrantes de la región en Estados Unidos, con el propósito de enfrentar las medidas xenófobas adoptadas por Donald Trump, es otra de las ofensivas que emprenderá el proceso multiestatal, como lo hiciera al recrudecerse las políticas migratorias en Europa.

Y, también, la organización de la Conferencia Mundial de Pueblos por un mundo sin muros, prevista para realizarse los días 20 y 21 de junio venideros en la ciudad boliviana de Cochabamba, con el concurso del Movimiento de Países No Alineados y el Grupo de los 77 más China.

Así, junto con todas esas batallas, en defensa de su naturaleza integracionista y con el puño en alto para repudiar los ataques imperiales, el ALBA-TCP quiere apurar el paso con el propósito de apartarse aún más de los dictados de la Casa Blanca y transitar su propio camino, en el cual la unidad es la palabra de orden.

Esto es, fundar y desarrollar la zona económica del ALBA.

 

*Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela.

 

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