Éste miércoles consumaron uno de los atentados que intentaron cometer durante el inicio de las llamadas “protestas pacíficas“.

La casa del FSLN  del Distrito VI de Managua, ubicada frente a la rotonda la Virgen fue destruida e incineradaluego de disolverse una presunta “marcha pacífica” en la que fueron convocadas personas de todo el país.

El edificio cuyos artículos que aún eran útiles como aire acondicionado y material de computación también fueron sustraídos.

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Este punto fue sede de oraciones por el restablecimiento de la paz en Nicaragua, misma que intentaron ser calladas con morteros y balas de Ak 47, disparadas desde rifles artesanales.

La mañana de este Jueves aún en la acera se encontraban bombas Molotov que no lograron ser detonadas y charneles que habrían sido introducidos en morteros para causar aún mayor daño.

Las familias del sector se sienten atemorizadas. Han identificado a algunos de los responsables como jóvenes en riesgo miembros de grupos delincuenciales del barrio.

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Los testigos de estos actos violentos no se explican cómo esos que claman la paz y protestan por causas que llaman justas, provocan la violencia y muestra una contradicción entre su discurso y sus acciones.

No estamos en contra de nadie. Porque sería hablar de más. Pero lo que no estamos de acuerdo es que se prestan todos los vagos a andar molestando aquí”, cuenta Gloria Campos, habitante del barrio Carlos Marx, situado a sólo un par de cuadras de donde sucedieron los hechos.

En tono molesto aunque preocupado, cuenta como han sido asediados por el vandalismo durante los últimos días.

“Se ponen unos vagos, porque no son estudiantes, son vagos, a tirar morterazos. Nosotros prácticamente conocemos las personas y si nosotros nos ponemos a señalar nos acarreamos problemas (…) están en su derecho de protestar, pero que sea a cómo tiene que ser. No afectar al pueblo porque en este caso están afectando al pueblo, nos están afectando a nosotros como trabajadores, porque aquí dónde ve mi trabajo… no voy a trabajar”, afirma.

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Los habitantes condenaron estos actos, durante los que aprovechan para cometer fechorías y robos, escalando las viviendas y circulando sobre los techos de las casas de habitación.

Ellos, que fueron testigos también del secuestro y quema de unidades de transporte público, afirman que son delincuentes.

La verdad es que estamos cansados. Porque no podemos estar ni sentados aquí ahora ni con nuestros hijos, porque lo primero que cuando miramos venir los grupos, salimos en carrera para adentro. ¡Ideay! A volarnos al suelo porque vienen tirando morterazos y balas y esas cosas, pero esos son puros chavalos vagos los que andan ahí, aquí no son estudiantes, ellos no hayan la manera de cómo confundir”, afirma Luz Marina Campos.

La madre de familia denuncia que han sido víctimas de robo de celulares e incluso detienen vehículos particulares y taxis para amenazalos y solicitarles dinero para seguir comprando morteros.

Yo lo que hago es salirme corriendo para mi casa. Yo no puedo estar ni comiendo aquí. Desde que ha pasado eso, mire que he venido bajando de peso porque no como, porque apenas uno va a comer y el estómago le brinca a uno. Mi niño toda la semana perdió de ir a clase”, refiere.

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Hicieron también el llamado a la conciencia a quienes financian estos grupos y a los mismos actores de la violencia

A los que les están pagando para los que andan haciendo esas cosas, que midan las consecuencias, porque ellos tienen hijos, tiene padres y la verdad no entiendo por qué aún están haciendo estas cosas”, alerta Campos.

Yanibel Castro, se pronunció en contra de los vándalos que provocan caos sin importarles dañar a las familias, a los niños o los adultos mayores.

Está un niño de casualidad ahí ¿y lo matan? Ellos no miden eso. Ahora, otra cosa, ellos son los que andan quemando buses, ¿Cómo van a ponerse a pensar quemar los buses? Si son medios de transporte que ocupamos mismos los ciudadanos”.

En medio de su frustración y el miedo que sienten de estar sumidos en el vandalismo oportunista, se cuestiona en lo que ha sucedido en una época en la que el país vivía sus puntos más altos de seguridad y progreso.

“Nos tienen aterrados todos los jóvenes que andan haciendo esto y no debe de ser así. Nosotros hemos tenido un pueblo unido, en armonía. Hemos vivido tanto tiempo, en hermandad. ¿Por qué ahora está sucediendo esto? Esto no puede seguir así. Que dejen de andar haciendo cosas que ellos no deben, o si son mandados por alguien, que por favor se ubiquen, porque hay niños en las casas, en las calles y no podemos seguir así con estas cosas”.

Marina Antonia Pérez tuvo que bloquear el frente de su vivienda de la manera que pudo, a punta de restos de material de construcción y sábanas.

Asegura que de día no pude descansar por los nervios y de noche no puede conciliar el sueño por el alboroto y el temor.

Yo lo que le pido al pueblo es que no destruyan Nicaragua. Que así como vimos nosotros… hemos sido del terremoto y mire cómo hemos luchado para que vuelva Nicaragua otra vez… y mire, de un momentito a otro todo lo destruyen. Eso no es bueno”, manifiesta al borde del llanto.