Nos queda tu mirada invicta
tus ojos siempreabiertos
intacta tu ternura

Nos queda la estrella de tu frente
“la sangre roja y el corazón a la izquierda”
tus bellos pies desnudos
sobre un lavandero en Vallegrande

Tu bici con motor, la rauda Poderosa
tu cabalgar sobre “el costillar de Rocinante”
el asma cuando el Granma en la tormenta
“…era una cáscara de nuez”
la balsita Mambo-Tango
que te construyó la gratitud de los leprosos
a orillas del Amazonas

Tu cámara, tu puro, tu fusil
tu tenaza de Fernando Sacamuelas
el tablero de ajedrez
la mochila de doctor que abandonaste en los manglares
cuando te hiciste soldado

Nos queda tu voz serena y firme
denunciando injusticias
predicando la epopeya que habrán de escribir
“los campesinos sin tierra, los obreros explotados
los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan
en nuestras sufridas tierras…”

Tu letra de médico, tus diarios
los poemas manuscritos en tu cuaderno verde
los billetes que firmabas Che
para “cambiar la escala de valores”

Tu Vallejo a media voz
ofreciéndote a tu esposa:
“Esto es lo único íntimamente mío
que puedo dejarte ahora…”

Nos queda el doctor Hugo Pesce
Hilda Gadea y su Hildita: “El pétalo más profundo del amor”
Tania la guerrillera y los peruanos de Ñancahuazú:
Juan Pablo Chang/ Restituto Cabrera/ Lucio Galván

Nos queda Aleida: “Adiós, mi única,
no tiembles ante el hambre de los lobos
del lado del corazón te llevo”

Sobre todo, nos queda Fidel:
“Vámonos. Ardiente profeta de la aurora”

En fin, nos queda tu leyenda
tu ejemplo vital, tu heroísmo
tu coherencia de Hombre Nuevo
que nos compromete a ser
“capaces de sentir en lo más hondo
cualquier injusticia cometida contra cualquiera
en cualquier parte del mundo…”

Y así sea.